Durante años, la pesca fue considerada un recurso natural ilimitado que podía ser explotado sin ningún control. Actualmente estamos siendo testigos de las consecuencias de esa explotación incontrolada: el declive continuo de las poblaciones de peces con un alto valor comercial, como el bacalao, el fletán, los lenguados, el atún, diversas especies de pez espada y muchos más. Esta sobreexplotación pone en peligro la estructura y el correcto funcionamiento de los ecosistemas marinos, provocando en ellos cambios de consecuencias desastrosas. Un ejemplo: las medusas se benefician del declive poblacional de sus depredadores naturales, cuyas poblaciones se han visto reducidas por la sobrepesca. Una vez que la población de medusas es predominante, resulta muy difícil para las poblaciones de peces juveniles restablecer el equilibrio en la relación depredador-presa, ya que las medusas depredan sobre los peces jóvenes.
Todos estos cambios no influyen únicamente en los sistemas oceánicos, también afectan a millones de personas alrededor del mundo que se encuentran en el umbral de la pobreza. Estas poblaciones humanas que viven en las costas de los países en vías de desarrollo, dependen estrechamente de la pesca como su principal fuente de proteínas y de ingresos económicos. El concepto de “pesquería artesanal de pequeña escala” (caracterizada por un bajo nivel tecnológico, muchas veces acompañado de bajos niveles de organización e industrialización) no debe ser subestimado, ya que estas comunidades y economías locales se benefician del mercado de la pesca y otras actividades asociadas a ella. Por otra parte, estas poblaciones pesqueras que mantienen sus prácticas tradicionales constituyen 1/3 del total de las capturas mundiales. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) más de 500 millones de personas en países en vías de desarrollo dependen directa o indirectamente de la pesca y la acuicultura para su supervivencia.
Muchas comunidades dependientes de la pesca viven actualmente en condiciones precarias y vulnerables debido a su situación de pobreza, la falta de servicios sociales y de infraestructura básica, además de tener unos recursos naturales sobreexplotados y unos ecosistemas degradados.



